Como si no fuera suficiente con el dolor que, de forma natural producía la herida, todavía me esperaban las necesarias e indispensables inyecciones de antibioticos y analgésicos que, bajo ciertas argucias, me aplicaban las asistentes de enfermería.
Y digo argucias, porque, cuando aplicaban el antibiotico decían: ¡No mi amor, lo que duele es el analgésico! Esto, no lo vas a sentir. Y asi, a la inversa, cuando aplicaban el analgésico.
De manera que, cuando las veía venir, mi dolor era doble: el que sufría mi alma por el engaño y el que producía el veloz ingreso en mi vena, de las dichosas sustancias.
¿Qué, cuánto dolía? Tanto como el abandono.
Sin embargo, a la segunda noche, descubrí que Dios tenía potestad también sobre aquel dolor, que los medicos decían, era necesario por unos cuantos días y que parecia tener vida propia.
Casi como a las dos de la madrugada del lunes, justo en el momento en que estaba a punto de desfallecer, sin siquiera poder pedir auxilio, porque ya todos habian dicho que este proceso era natural y necesario, oré y le dije al señor que si él tenía potestad sobre todas las cosas, entonces también la tenía sobre ese aguijón que estaba embargando mi cuerpo y mi alma. Casi con la toalla, a punto de caer al suelo, empecé a recitar el Salmo 23 (el que sé de memoria desde que era niña) y luego el 34, en partes.
La última frase que recuerdo haber dicho antes de alcanzar el ansiado sueño fue: "Muchas son las aflicciones del justo pero de todas ellas le librará Jehová" (Salmos 34:20)
Al día siguiente, cuando desperté, ese dolor con el que había luchado, y que había luchado imbatiblemente contra mí, se había ido.
Pienso, luego, existo
"Vosotros sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.
En lo cual vosotros os alegrais, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo."
1 Pedro 1:5-7
sábado, 10 de septiembre de 2011
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